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jueves, 9 de diciembre de 2010

Introducción

“Un cartel de la Soborna proclama: la revolución que se inicia pondrá en duda no sólo la sociedad capitalista, sino la sociedad industrial. La sociedad de consumo debe morir una nueva muerte violenta. La sociedad enajenada debe desaparecer de la historia. Estamos inventando un mundo nuevo y original. La imaginación ha tomado el poder.”

Citado por Carlos Fuentes en Los 68

“Nuestra primera responsabilidad es cumplir con la obligación de luchar al lado del pueblo. Estamos dispuestos a volver a la normalidad, si… pero no sin democracia y sin libertad”

Estudiante mexicano, 1968

Las preocupaciones de la sociedad estudiantil en el año de 1968 se proyectaron internacionalmente. Desde hace años, las inquietudes en común de los jóvenes universitarios están presentes en varios países de Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Al calor de la actitud incomprensiva de los gobiernos, los actos disidentes de los estudiantes traspasaron los marcos de la universidad, derivándose hacia una lucha por la democratización, el antiimperialismo y por una renovación nacional.

Un movimiento estudiantil es el resultado de una coalición de estudiantes, los cuales se unen con el propósito de ver realizada una ideología política, la cual sea impulsada por una rebelión emocional en la que estén siempre presentes la desilusión y el rechazo de los valores de generaciones pasadas.

Los conflictos con los universitarios en cada país tiene detonadores particulares muy específicos, sin embargo, existen condiciones ideológicas, económicas y políticas que parecen ser la génesis común de los movimientos estudiantiles en todo el mundo.

La mayoría de los estudiantes comparte una orientación progresista y democrática, impugnan y rechazan el sistema político y social basado en la utilidad y el beneficio. Condenan la política hegemónica de los Estados Unidos, luchan por la independencia y vida propia de los pueblos débiles.

Los universitarios en pugna comparten un sentimiento antiautoritario y antiimperialista. Niegan las estructuras de la sociedad contemporánea. Sus demandas concuerdan con los intereses de la clase trabajadora y de los amplios estratos populares.

La situación económica que generalmente circunda los conflictos estudiantiles se refleja en el acelerado aumento del número de estudiantes como producto de la revolución técnica; una conciencia unánime de que el régimen capitalista no permitirá el desarrollo total de las posibilidades técnicas y humanas de la sociedad industrial moderna; en el paro y el desempleo; en que las posibilidades de ocupación cada día son más restringidas y los salarios menos atractivos. La situación económica que permea los conflictos se proyecta en la certeza por parte de los estudiantes de que se les está negando su participación en la elaboración de la política social más aconsejable.

Los jóvenes de las nuevas generaciones son dueños de una preparación e inquietud política propia y distinta a la de épocas anteriores. Son parte de un mundo de constantes cambios y convergencias en los que se ha determinado que el imperialismo no debe ser un factor preponderante en el panorama mundial.

Este tipo de conflictos, según el sociólogo Lewis S. Feuer, obedecen a pautas universales que son producto del idealismo desinteresado y altruista, combinado con el resentimiento y agresión de una generación con otra, o la juventocracia vs la gerontocracia. Se trata de un conflicto de etapas y edades, con condiciones y valores propios, entre jóvenes y adultos.

En cuanto al idealismo desinteresado, los estudiantes ven en sus fines filosóficos una contracorriente del sistema social que busca terminar con él. Los miembros de un movimiento se consideran depositarios de una ética superior a la de la sociedad que les rodea.

Existe un altruismo a las clases desprotegidas cuando el espíritu épico que los diferencia moral e intelectualmente de las masas, lleva a los estudiantes a recurrir a métodos radicales como el auto sacrificio, el sufrimiento y el terrorismo individual para lograr un cambio deseado.

El terrorismo y las tendencias suicidas se encuentren en conflictos del tipo estudiantil, sobre todo en países con movimientos revolucionarios, en los cuales se crea un contexto en el que el nihilismo se vuelve una filosofía para los jóvenes, no sólo porque ya no creen en la sociedad, sino porque los lleva a su autoaniquilación.

Las universidades se convierten en centros de formación revolucionaria, al contrario del objetivo con el que el gobierno las había creado: para integrar en la fila de las burocracias a los estudiantes. Esta característica parecida a la de la lucha de clases no las iguala, pero, las acerca.

A diferencia de la lucha de clases, los movimientos estudiantiles son engendrados por emociones indefinidas que buscan una causa a que adherirse. Sacrifican sus intereses económicos en aras de una vida más noble para los humildes, y no necesariamente tratan de mejorar sus condiciones de vida por el camino más directo posible, como en el caso de la revolución obrera.

El movimiento estudiantil, aunque esté afianzado en conseguir reivindicaciones relacionadas con el ordenamiento de los estudios y con la organización de la cultura, sólo parte de estos aspectos para luego pasar a una lucha más amplia en las que abren paso a la participación de todas las facetas de la sociedad. Se trata de una soldadura del movimiento estudiantil con el obrero.

En conclusión se puede establecer que los movimientos estudiantiles funcionan en una lógica de politización de todas las actividades universitarias y sociales infiltradas o alineadas al espíritu que ellos proclaman. El idealismo se vuelve un estilo de vida que permea el quehacer de los jóvenes, que buscan por medios como la propaganda fortalecer su causa. Su lucha tiene alcances internacionales y revela parangones con la actividad política de otras partes del mundo, porque es una forma de renovación nacional que, al tenor de la desigualdad y en aras del progreso, se hace impostergable.

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